El problema
La física ha vuelto la materia transparente, hasta el punto de convertirla en espectral. Los átomos se han convertido en partículas, meras excitaciones de campos, y los campos no son más que información. La tendencia actual en física es definir la realidad en términos de información pura, como se puede leer (en inglés) en el interesante blog de Vlatko Vedral. Esta tendencia fue iniciada por John Wheeler (de «it» por «bit») y Carl von Weizsäcker (quien reemplazó el bit clásico por un bit cuántico, una superposición de todos sus estados posibles). También cabe mencionar a Max Tegmark (Hipótesis del Universo Matemático), quien considera el mundo físico una expresión pura del lenguaje matemático.
¿Qué sucede con la sustancia de las cosas en todo esto? ¡Deja de existir! Se reduce a una ilusión para los sistemas relacionales que son nuestras redes neuronales. Lo que nos parece materialmente consistente es simplemente la transformación de la información sensorial en categorías de cosas por parte de nuestro cerebro, cuya función es discriminar el entorno. La información se clasifica según otra información. Resulta tentador, entonces, ver toda la realidad como compuesta de información, como hacen estos físicos.
¿Quiénes son los rebeldes contra esta idea? Los espiritualistas son los primeros que vienen a la mente. Una realidad de números entrelazados no parece muy compatible con las almas y las deidades. Sin embargo, muchos místicos se dejan seducir por ella. ¿Acaso la desaparición de toda sustancia no revela este Gran Todo común a las tradiciones espirituales, ya sea que se le llame Dios en Occidente, Alá en Oriente Medio o los Registros Akáshicos en la India? Especialmente porque la teoría cuántica afirma que la información nunca se pierde. Aquí estamos, preservados en nuestra singularidad dentro de la capa fundamental del mundo. Hoy en día, ya no hay ninguna incongruencia entre ser informático y seguidor de estas tradiciones.
Los verdaderos rebeldes son los filósofos escépticos, indignados por esta ciencia que anula los fenómenos. Una ilusión de sustancia, pero ¿una ilusión para quién, para qué exactamente? Somos incapaces de definir el fenómeno de la conciencia en términos de información. ¿Se han excluido los físicos de la realidad, considerándose meros objetos de una ilusión y no sujetos de conciencia?
La solución
Dado que la información es, por definición, relacional, no dice nada sobre lo que está relacionado. Si no existieran cosas relacionadas, el concepto mismo de relación perdería su significado. Debemos comprender la magnitud de este obstáculo antes de hablar de una realidad compuesta de información. Esta es, sin duda, la mejor manera de comprender la realidad, nada más. Pues es imposible separarnos de esta realidad para ver su origen. Por más que nos esforcemos, siempre estaremos inmersos en ella, estudiando su naturaleza con conceptos que también son inherentes a ella.
Sin embargo, existe una manera de conectar información y sustancia (de la cual están hechas las cosas relacionadas) sin abandonar la realidad. Esta es la teoría que presenté en «Surimposium». Una sustancia es el nivel global de un sistema de elementos relacionados. El sistema es indeterminado, pero su nivel global es determinado. ¿Cómo pasamos de uno al otro? El nivel global es la configuración determinada de todas las probabilidades del sistema. Esta configuración cambia, por supuesto, pero no al mismo ritmo que las interacciones del sistema. Este desfase, que puede ser considerable, define lo que llamamos sustancia. Estabilidad sobre inestabilidad. Cada capa de complejidad puede añadir mayor estabilidad. Así llegamos a la fijeza sustancial de lo macroscópico sobre la miríada de probabilidades de su constitución cuántica.
Esta teoría no requiere suposiciones sobre el origen de la realidad. Simplemente sigue su hilo conductor a través de la complejidad, que resulta ser la verdadera dimensión fundamental de la realidad.
La realidad no está hecha de información, sino de organización. Es orgánica. Eso la hace más viva, ¿no?
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